El Abrazo

Eduardo Galeano, célebre escritor uruguayo, escribió:

“Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana.
Y dijo que somos un mar de fueguitos.
-El mundo es eso -reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.”

(Eduardo Galeano. El libro de los abrazos. 1989. Siglo XXI)

Al abrazar se segrega oxitocina (hormona relacionada al placer), se libera serotonina y dopamina (encargadas del buen humor), lo que genera una agradable sensación de armonía y plenitud, una dosis cargada de bienestar para el cuerpo y el alma.
Ello reduce el estrés, la presión arterial y el ritmo cardíaco, mejora el flujo sanguíneo, favorece al sistema inmunológico, estimula la hormona del crecimiento en los niños, disminuye las probabilidades de padecer demencia, aporta sensaciones de seguridad, energía y fortaleza.
Todos tenemos en la piel unos receptores que se llaman corpúsculos de Meissner. Esos componentes nos permiten percibir la temperatura, la textura de las cosas, las caricias, los pellizcos, etc. Tan pronto como reciben el estímulo, envían una señal a tu corteza cerebral que interpreta de qué clase de estímulo se trata. Pues bien, tenemos más de estos corpúsculos en las manos y en los labios.
Dar y recibir afecto, tiene un inmenso valor positivo para toda nuestra unidad cuerpo-cerebro-mente. Generemos un equilibrio dinámico entre estas tres dimensiones: nos reconocemos y brindamos reconocimiento; fortalecemos la autoestima y colaboramos con la autoconcepción del otro; y finalmente nos centramos en lo que es realmente bueno.

Te invito a abrazar más, quédate ahí entre los brazos, recibiendo y dando al mismo tiempo y traspasa el miedo, la vergüenza, o la incomodidad.

Con amor Silvia Victoria Ribeiro

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